EL VERBO
Suelta el velo desde la copa, para cuantos caminen sobre el cieno de tristes nidos sueltos y revueltos.
Teje la muda mueca que se retuerce entre la lejana marea y el estruendo de las gotas de amor neurotizado que se confunden con nubes suaves y contaminadas.
Inunda la cuenca de más ojos que los de argos y silente bebe sus agónicos lamentos para encumbrar su dolor en talantes de fauna dantesca.
Endulza con el llanto y la luna una taza espesa de café morado entre zambos de amarga silueta, cimarrón, libre de ser libre de pensar y de morir.
Baja desde el centro de tus angustias y anuda el ruego jocoso que envuelve tus manos hondas y mojadas en mártires de color a mugre.
Danza al compás de sus gritos de augurios ensortijados y rubios, de ojos vacíos y luces en agonía dolosa.
Y luego sienta la lengua en el fondo de tus costillas cuéntalas una a una y detente solo para renacer desde un corazón que nunca palpita y devela lo incontenido por tus cortos pensamientos de carne amarga.
“Ag”
viernes, 30 de enero de 2009
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