LA MIEL DEL ANGEL GRIS
Formas antológicas difunden su olor amargo por entre los dedos, la magia suelta al dolor del viento.
Dolores trasegantes al margen de mil pieles cortadas a tajos y mares negros sombríos y abarrotados de sueños moribundos.
Riquezas de noctámbulas faenas truenos que mojados retuercen el vientre enardecido de una ligera princesa.
Mundos envueltos en manos afrodisíacas que linsojean exprimiendo la savia del candor lozano del mundo.
Ruedan por los rincones inoculan sus dedos contaminando la mesa y el mantel de restos de su festín inerte,
Creen, miran, exhortan, muerden, prueban y se mecen entre el destino de un atardecer y el cuento de la abuela que sueña con un mañana.
Pero sus dedos no se van y escarban y siguen hurgando el tiempo cernido en los mismos dolores que trasegan de nuevo sucesos postrados a las márgenes de pieles que ya están secas.
Y aquellas formas ya se difundieron su olor es mi existencia y la magia agoto su dolor.
“Ag”
miércoles, 11 de febrero de 2009
miércoles, 4 de febrero de 2009
INOCENCIA
INOCENCIA
Mi camino se desgrana por el torrente lúgubre de aquellos aleteos siniestros de una mariposa que se posa sonriente sobre mis ojos.
El dedo de sus ancestros señala mi entrepierna y sus colores remontan el majestuoso incierto de amaneceres pasados por entre sus dientes.
Un solo olor ronda aquellas pisadas, es el olor de la madre que se desvanece entre las telas del olvido.
Todas cubiertas de cenizas y dientes, manos y cuencas ocultas.
Telas que tiemblan temerosas por los rugidos de las fauces de quienes se posaron sobre la hirviente tierra.
Y mis pasos que no descansan de llevar a cuestas el dolor de hacer teatro para otros.
Que duelen en el alma desolada por el color de sus antojos, de sus frustraciones y sabor enfermo de estulticia esperanzada.
"Ag"
Mi camino se desgrana por el torrente lúgubre de aquellos aleteos siniestros de una mariposa que se posa sonriente sobre mis ojos.
El dedo de sus ancestros señala mi entrepierna y sus colores remontan el majestuoso incierto de amaneceres pasados por entre sus dientes.
Un solo olor ronda aquellas pisadas, es el olor de la madre que se desvanece entre las telas del olvido.
Todas cubiertas de cenizas y dientes, manos y cuencas ocultas.
Telas que tiemblan temerosas por los rugidos de las fauces de quienes se posaron sobre la hirviente tierra.
Y mis pasos que no descansan de llevar a cuestas el dolor de hacer teatro para otros.
Que duelen en el alma desolada por el color de sus antojos, de sus frustraciones y sabor enfermo de estulticia esperanzada.
"Ag"
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