INOCENCIA
Mi camino se desgrana por el torrente lúgubre de aquellos aleteos siniestros de una mariposa que se posa sonriente sobre mis ojos.
El dedo de sus ancestros señala mi entrepierna y sus colores remontan el majestuoso incierto de amaneceres pasados por entre sus dientes.
Un solo olor ronda aquellas pisadas, es el olor de la madre que se desvanece entre las telas del olvido.
Todas cubiertas de cenizas y dientes, manos y cuencas ocultas.
Telas que tiemblan temerosas por los rugidos de las fauces de quienes se posaron sobre la hirviente tierra.
Y mis pasos que no descansan de llevar a cuestas el dolor de hacer teatro para otros.
Que duelen en el alma desolada por el color de sus antojos, de sus frustraciones y sabor enfermo de estulticia esperanzada.
"Ag"
miércoles, 4 de febrero de 2009
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