MI ÚLTIMO AMOR
Un látigo que destiñe los ojos verdes del tiempo anhelado, al son de sus propios cantos enjugados sobre el sabor de la noche de metamórficas mieles, suenan las doce y el remedio se convirtió en márgenes de torrentes anclados al mustio sonar de un engendro medroso que derrama todo su vicio infame sobre el pobre ángel que no logra escapar de su propio miedo, lucha e intenta pero sus alas han olvidado como volar, mientras en la otra esquina servido en trozos de agonía el que espera sigue tronando sus huesos con la esperanza entre los dientes ensangrentados por su propia vida y el resplandor de la esperanza en la que no desea creer, se extingue lentamente, pero arto de si, cuela su propio ser por entre rendijas de pasos futuros y aleteos de fénix que precederán a su virtud de nuevo encarnada.
"Ag"
viernes, 20 de marzo de 2009
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